Habitar la fragilidad: la arquitectura de Smiljan Radić
- Asociación Psicoanalítica Santiago

- 5 may
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Actualizado: 7 may

José Bahamondes, psicólogo.
Analista en formación APSAN
“Ay cuántas
cosas
puras
ha construido
el hombre:
de lana,
de madera,
de cristal,
de cordeles,
mesas
maravillosas,
navíos, escaleras”
(Oda a las cosas, Pablo Neruda)
Vivimos en un país donde constantemente la naturaleza nos abruma con su belleza y majestuosidad, pero que cada cierto tiempo nos somete con toda su fuerza destructiva y poderosa. En este contexto, pensar la obra del arquitecto chileno Smiljan Radic (1965) premio Pritzker 2026 adquiere mayor sentido y relevancia, al inscribirse en una lógica diferente, acompañada de una consciencia de la impermanencia de las cosas, de su fragilidad como condición de la experiencia del habitar. En un país de poetas tenemos también arquitectos.

Hijo de padre Croata y madre de ascendencia inglesa, Radic se tituló de la PUC en 1989, realizando posteriormente realizó cursos de estética en el el Instituto Universitario di Architettura di Venezia. Al parecer ese paso por Venecia fue importante en la construcción de su pensamiento como arquitecto, acercándolo a una mirada más histórica y poética sobre la arquitectura. Posteriormente, cuando regresa a Chile descubre la arquitectura sin raíces, a partir del estudio de animitas, kioskos, circos, barcas, construyendo la Guía del Abandono, una reflexión poética y arquitectónica sobre las construcciones que han sido dejadas atrás, las que existen sin pertenecer del todo a ningún lugar ni tiempo. En ese texto, Radic describe un tipo de construcciones a las que llama "irreparables": estructuras que "nada tienen que ver con el lugar donde las pusieron o donde encallaron por destino después de un diluvio. No son necesarias para el lugar, siendo ellas todo el lugar."
En 1995 fundó su estudio en Santiago junto a la escultora Marcela Correa, quien más tarde se convirtió en su esposa y colaboradora. En este sentido el dialogo entre arquitectura y arte ha sido un eje importante de su obra.
En 2017, Radić estableció la Fundación de Arquitectura Frágil, ubicada en su estudio de Santiago, para apoyar la arquitectura experimental, a través de exposiciones, talleres e investigación compartida

Al otorgar el premio, el jurado del Pritzker lo describe de una manera muy precisa: “Sus edificios parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados —casi al borde de la desaparición—, pero ofrecen un refugio estructurado, optimista y tranquilamente alegre, que abraza la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida." Una relación profunda entre el derrumbe y el cobijo.
La arquitectura de Smiljan Radić no ilustra el psicoanálisis ni el psicoanálisis lo necesita para justificarse, pero para quienes trabajamos con sujetos podemos reconocer en su obra espacios familiares que habitamos de manera recurrente en el ejercicio de ésta profesión: la renuncia a la omnipotencia, la escucha de la materia, la presencia que sostiene pero que no garantiza. Construcciones efímeras pensadas particularmente para cada contexto.

Radic no busca la solidez monumental ni la seguridad total, sino que hace algo parecido a lo que Philip Bromberg llama standing in the spaces; sus obras no son casas que protegen del afuera, son espacios que mantienen la tensión adentro/afuera sin resolverla; obras que se encuentran en un dialogo constante. En este sentido las estructuras no dominan el paisaje, sino que coexisten con él. De esa manera, quizás sea lo que el psicoanálisis y la arquitectura de Radic comparten: la idea que los sujetos no necesita ser rescatados de su vulnerabilidad, sino acompañados dentro de ella.
