Sobreviviendo a la era digital. Psicoanalista en el hospital

Hace unos años atrás, aprender a hacer fichas electrónicas en el hospital fue un desafío para mayores como yo. Aunque siempre hubo alguien joven dispuesta o dispuesto a ayudar, como la Mane -médica joven con mucha paciencia-, ahora Natty -TENS de menos de 30 años. Actualmente, de manera alternada hago una semana de telemedicina desde mi casa, y una semana de atención presencial en el hospital.

Así estamos ahora: a dos pantallas, una en Zoom con las NNA y sus familias desde el interior de sus casas. La hermana pequeña del paciente, que se viene a la pantalla para saber quién habla. Muestran sus juguetes y creaciones de plasticina. Sus perros y gatos paseando frente a la cámara (mi gato también). En la otra pantalla, estoy conectada por VPN a la ficha clínica de la intranet del Minsal.

Nada de esto fue sencillo, pero con la ayuda y paciencia de mi hijo y su amigo-vecino computín (¡Genios!), lo logré ¡Que manera de aprender de las y los mas jóvenes! ¡Qué intercambio! ¡Qué impacto cultural! Una manera de sobrevivir al cambio brusco e inesperado de nuestro entorno. No creo que hubiese podido sola, definitivamente no hubiese podido sola.

La generación anterior a la mía también está haciendo esfuerzos para conectarse, vía WhatsApp y video llamadas. A propósito de WhatsApp (el chat o los chats de la discordia; de los acuerdos y desacuerdos; de las furias y los encuentros) ¿Sobrevivirán nuestras amistades, organizaciones, grupos profesionales a los chats claustrofóbicos de la pandemia?

Recuerdo el día 3 de abril de 2020, atendí en el policlínico de Salud Mental a una adolescente que tosía. Tosía mucho. Alarma. Resultó ser la primera paciente covid-positiva que atendía. Parece que usamos bien nuestras mascarillas y protocolos, porque nadie del equipo se contagió. La adolescente estuvo hospitalizada y salió bien.

En mayo, el hospital en que trabajo nos envía a la casa por edad. La idea era cuidar a las y los mayores. No había vacunas en ese momento y los contagios por Covid-19 iban aumentando.

Confieso la negación: no me di cuenta de mi edad y de la necesidad de confinamiento. Estaba tan ágil y dinámica, como si caminar mas rápido me rejuveneciera. Quedarme en la casa para cuidarme, fue un golpe a la autoestima, al narcisismo y al ¿Diostorismo? Algo como “quédate en tu casa para que no ocupes un ventilador, que podría salvar a otros mas jóvenes”.

Ahora en medio del duelo por los que han muerto (jóvenes, colegas, amigos, amigas, compañeros de curso, los nuestros) ¿Podremos empezar a mirar qué nos ha pasado?.

Me quedé en mi casa y conservé el trabajo telemático de la consulta privada. El hospital siguió por un tiempo desde el silencio y la ausencia. Depresión. Adiós a las caminatas hasta la estación del metro. Tres mil pasos de ida y tres mil de vuelta, más lo que caminaba entre el hospital y la consulta. En suma, más de 10 mil pasos al día. Perdidos. No olvidados.


Sin la alegría de simplemente caminar por las calles, el hospital seguía en silencio… Para mi. Hasta que viene al rescate otra joven, ahora una psicóloga. Esta vez fue la Vane: ¿Hagamos una hora de juego por Zoom? Me devolvió la energía y la vitalidad. Retomar el trabajo de

pensar en conjunto, nuestras Horas de Juego Diagnósticas, ciegas. Aprendidas de las maestras, de las madres del psicoanálisis, Elena y Liliana; y de los escritos rescatados de Aurora Pérez.

Volvía a ser útil. Volvía de la jubilación obligada, a cual había sido empujada antes de tiempo. No lo había pedido, pero lo agradecía. Obsoleta por vejez o a tu casa por edad era un feroz golpe a la autoestima.

En la hora de juego por Zoom: la niña con su mascarilla, distancia física y juguetes recién desinfectados. Psicóloga enmascarillada. La niña pregunta a la cámara ¿Quién es ella? Y yo me presento: la doctora rescatada de su casa. Confieso que estaba feliz, fue la hora de Juego Diagnóstica mas significativa del último tiempo. De siempre.

En el espejo estaban el equipo de salud mental, una terapeuta ocupacional; y en sus oficinas otro psicólogo y una trabajadora social. Todos en sus respectivas pantallas.

La discusión posterior nos permitió rescatar que todavía podíamos trabajar en equipo. El equipo de salud mental al rescate de la salud mental del equipo. Emocionante aprendizaje de la era digital en pandemia.


(Maestras del Psicoanálisis: Elena Castro y Liliana Pualán. NNA: Niñas Niños y Adolescentes. TENS: Técnicos en Enfermería. VPN: Red Privada Virtual. (Virtual Private Network). Minsal: Ministerio de Salud)










Dra. Luz María Gómez Droguett

Psicoanalista APSAN





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