“Hamnet” y el dolor
- Asociación Psicoanalítica Santiago

- 5 may
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Actualizado: 7 may

León Cohen, psiquiatra.
Psicoanalista APSAN.
La exitosa película “Hamnet” (Chloé Zhao, 2025), inspirada en la premiada novela homónima de Maggie O’Farrell (2020), se nutre de los relatos en torno al duelo ocurrido en la familia del célebre dramaturgo William Shakespeare (Stratford-upon-Avon,1564-1616), causado por la muerte de Hamnet (11 años,1596) posiblemente a raiz de la peste bubónica. El niño era hermano mellizo de Judith, quién le sobrevivió 66 años. Tenía una hermana mayor por dos años, Susanna, la que falleció 53 años despúes de la muerte de su hermano. Todos ellos nacieron y vivieron en Stratford-upon-Avon, poblado que se ubica aproximadamente a 160 kilómetros al noroeste de Londres, distancia que en esa época se recorría en unos tres días a caballo.
Estos relatos muestran desde el comienzo el dilema del joven William. Por un lado las humanidades, la escritura, la enseñanza, y por otro lado la esperable y obligatoria participación como artesano en la confección de guantes de cuero, la empresa familiar que poseía y dirigía el padre. Como profesor William entra en la casa de Agnes, conocida históricamente como Anne Hathaway, para enseñarle a sus hermanos. Agnes lleva en su cuerpo, en sus ojos y en sus manos la manifestación de la naturaleza en la que viven todos. El bosque, las plantas y sus secretos medicinales, el paisaje y sus honduras misteriosas de donde parecieran ser paridos los bosques. Junto con la naturaleza Agnes convive con las aves como su pequeño halcón, un cernícalo, un compañero lleno de libertad y a la vez cercanía con su dueña. William se enamora de esta joven mágica, una campesina diferente e impregnada de la fuerza del bosque.

La crisis edípica es dramática. El rechazo a identificarse y someterse al padre trae una violenta separación de Will de su familia, a lo que se agrega su relación con Agnes y el precoz embarazo que ocurre, repitiendo lo que le había sucedido a su padre con su madre. La crisis refuerza su vocación por la escritura. Debe irse a Londres. Agnes tiene el apoyo de su suegra en medio de este duelo, la separación física de Will. La acepta con dolor y generosidad. Sabe que Will la quiere. Will, con gran esfuerzo y talento, va construyendo su grupo y su propio teatro. En esto también aparece su identificación con el padre, el teatro es su empresa y se esmera en el éxito, no solo artístico sino que también económico. Las ganancias van ayudando a que la familia vaya mejorando su calidad de vida. Nacen los mellizos, Judith y Hamnet. Sus partos son desgarros del cuerpo de Agnes en medio del bosque, semillas que se abren dando a luz la vida. Agnes los educa en la sabiduría de la naturaleza. Las mujeres de la manada la acompañan. William está trabajando en Londres y en cada viaje al poblado familiar deja ver su amor por Agnes y por sus hijos, pero debe volver a sus responsabilidades. Hamnet recibe el encanto de Will por el teatro. La dramática enfermedad y muerte del niño lo sorprende en Londres. Agnes sufre ese inmenso dolor sola, aunque acompañada por familiares y en medio de la angustia de sus hijas. La amargura y el resentimiento son inevitables. Su magia no pudo salvar a Hamnet, su hijo, y su herida marcada por la culpa, grita desde sus vísceras de hembra destruida. Está sola, sola, sola en ese profundo dolor inconsolable, en esa escena injusta.
Un día sabe que el nombre de su hijo y el de William parecen estar manifestándose en Londres. Viaja, por primera vez, con su hermano, a ver a Will y a saber de ese tema que la horada. Y allí, en el teatro de su esposo, ve que se representa “Hamnet” y ve que él, William, se ha convertido en un fantasma lleno de dolor y rabia, incapaz de poder alcanzar la paz del morir, compeliendo a su hijo Hamnet que le permita poder vivir la muerte que lo carcome y así poder volver a la vida. La sombra de la pérdida asumida cae sobre el yo como la semilla del fruto en la tierra fértil para generar más vida.
De esta forma su hijo puede despedirse y Will y Agnes, despedirlo juntos. Will ha podido darle forma creativa a través de la obra y Agnes, su cuerpo y su alma, lo han comprendido. Ya no está sola. El resto es silencio.
