Inmunidad como defensa, defensa frente a la inmunidad.

Probablemente la inmunidad de la que tanto se ha estado hablando en estos días, le haya servido a Freud como modelo para erigir su edificio teórico sobre la defensa y sus mecanismos frente a los recuerdos traumáticos, las mociones pulsionales o frente al ello. Es decir, está presente a lo largo de toda su obra, con la genialidad de invertir la dirección de dicha acción defensiva hacia el interior del ser humano, hacia la pulsión. Esta defensa contra los impulsos o deseos es el origen de sus estudiadas neurosis. Es decir, son sus anticuerpos los que interrumpen la continuidad del ser de sus pacientes, generando síntomas como efectos secundarios de su acción. Dicha conciencia de sus costos, es la que observamos en el día de hoy en la desconfianza de muchas personas en relación a las vacunas contra el Covid. Estas dudas, en un Chile posterior al estallido social donde abunda el discurso en torno al despertar y la rabia contra los efectos secundarios del capitalismo, parecen estar presentes en algunos sectores de la población que se resisten a vacunarse, desplegando en palabras kleinianas una relación de objeto parcial esquizo-paranoide con las vacunas. También se observa en muchas de estas mismas personas, una fantasía de inmunidad, con la certeza de que ellos no se contagiarán o que el virus no los matará, dejando entrever altos montos de peligrosa omnipotencia. Otros, agregan a todo lo anterior, la adherencia y creación de sofisticadas teorías conspirativas. Es decir, estamos en presencia de todo un sistema defensivo contra la defensa a la enfermedad que está logrando un enlentecimiento en el ritmo de la vacunación en nuestro país. Esta resistencia a recibir algo que puede ayudar es muy similar a la que nos encontramos día a día con nuestros pacientes y contra la cual nos abastecemos de muchas teorías para intentar mitigar. Es un segundo uso que Freud le da al concepto de defensa, esta vez dirigida hacia el tratamiento, la transferencia y la relación con el analista. Han pasado muchos años de estos planteamientos y hemos aprendido que además de la necesidad de entender e interpretar la naturaleza de estas defensas es fundamental para su superación un buen vínculo terapéutico y un clima emocional tranquilo, libre y seguro. Tal vez si en nuestro país, nuestras autoridades, la oposición y todos los ciudadanos ayudáramos a lograr algo de ese ambiente facilitador y nos uniéramos dejando atrás rencillas del pasado, dichas resistencias cederían. Es decir, cambiando el modelo de ataque y defensa, de enemigos y confrontación, a un modelo de reconocimiento mutuo, empatía y comprensión de las diferencias, tal vez podríamos disminuir nuestras tendencias defensivas y todas las dificultades que estas generan. Si nosotros los analistas sabemos esto, debiésemos ser los primeros en ponerlo en práctica.










Ps. J. Francisco Chadwick

Psicoanalista Apsan

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