LA GUERRA, LA DESHUMANIZACIÓN Y EL TESTIGO

Sin lugar a duda, el duelo por la pérdida de un ser querido constituye un recorrido triste; a su vez, el duelo por el fallecimiento de varios seres queridos en un corto período de tiempo conlleva una travesía más penosa aun, como ocurre en poblaciones azotadas por terremotos y tsunamis. No obstante, el duelo por la pérdida de una multitud de seres humanos exterminados deliberadamente por el hombre, como sucede en la guerra, es radicalmente distinto. Un duelo así conlleva procesar altos grados de deshumanización, sadismo y crueldad de la parte del agresor.


La erradicación del hombre por el hombre genera una desconfianza en la humanidad que es muy difícil de elaborar para los sobrevivientes. En la guerra, más allá del terror de la experiencia real de violencia, las víctimas también deben enfrentar la pérdida de fe en un mundo humano y protector. Para el filósofo Emmanuel Levinas: “El asesinato solo es posible cuando no se ha mirado el rostro del otro”.


Con gran impotencia observamos, ayer y hoy, como en los conflictos bélicos se despliega la violencia de múltiples maneras. La guerra produce miles y millones de muertos, muchas veces suma agresiones por violaciones y torturas, arrasa con hogares, pueblos y ciudades, destruye patrimonios de la cultura, daña el medio ambiente, y tanto más. Como si esto fuera poco, en paralelo, genera millones de refugiados y desplazados. Por supuesto, un pueblo agredido o invadido tiene derecho a defenderse del agresor.


En las palabras del psicoanalista Sverre Varvin: “La deshumanización es un proceso en el que las características humanas fundamentales de otras personas son negadas, de modo que los otros son percibidos como menos que humanos o no humanos. En consecuencia, las acciones resultantes de la deshumanización pueden amenazar los derechos básicos de estos ‘otros’ y poner en peligro sus vidas y seguridad.”


Muchas veces, la instalación del discurso deshumanizado del “otro” precede al inicio de la guerra discriminando ya sea por etnia, religión, color de la piel, nacionalidad, etc. Vamik Volkan, ha estudiado la psicología de grandes grupos y plantea que cuando los grupos o las naciones son portadores de un “trauma escogido”, una representación mental compartida de traumas y humillaciones del pasado, estas fantasías pueden reactivarse y precipitar una venganza violenta y destructiva en contra de un presunto “enemigo”.


A su vez, el psicoanalista Gerard Fromm nos dice: “Las balas no solo viajan a través de la piel, los músculos y los huesos, sino que viajan a través del tiempo”. Efectivamente, es importante pensar como el impacto traumático de la guerra recae sobre una generación, pero a la vez se transmite a través del tiempo a las generaciones siguientes.


Para terminar, cabe destacar que frente al horror tenemos la esperanza de que haya un testigo comprometido, un otro a quien le importa escuchar, un otro que es capaz de contener lo que escucha y es capaz de imaginar lo insoportable; un otro que está en posición de confirmar tanto la realidad psíquica externa como la interna. Es la receptividad emocional activa y bien sintonizada del otro que es testigo y que constituye lo que Samuel Gerson denomina un “tercero vivo”.









Ilka Kiwi Krauskopf

Psicoanalista Apsan

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