La subjetividad en los procesos analíticos: dilema complejo

Es en los períodos de gran convulsión social, cuando aparece la consciencia de los sentimientos encontrados con nuestros pacientes. Aunque los pacientes tienden a buscar analistas asociados a su medio, siempre hay una parte de ellos que tienen valores y posiciones políticas opuestas a las de uno. Este hecho, nos pone en una encrucijada muy dura, ¿cómo suspendo el juicio?, ¿lo estoy realmente suspendiendo?, o ¿estoy sutilmente -o no tan sutilmente- llevando a mi paciente a lo que yo pienso o creo?


Eso es cuando tenemos consciencia de las diferencias o podemos asociar nuestra molestia a lo que el paciente dice, pero muchas veces esto opera de manera inconsciente en nosotros mismos, porque los valores y las posiciones ideológicas son adquiridas en contextos sociales y relacionales tempranos.

Acá es cuando nos encontramos con lo que se denomina subjetividades, o sea como cada uno construyó su identidad, la manera de significar las cosas, que es correcto o incorrecto, amenazante, seguro, tanto en el ámbito íntimo como contextual, y desde esta construcción se siente y actúa frente a los estímulos en el ámbito íntimo o social, puesto de una manera amplia.


Para la mejor comprensión de esto, quiero usar el concepto desarrollado por Lynne Layton, psicoanalista neoyorquina, ella es una analista que viene desde las ciencias sociales, para más tarde derivar a la psicología y psicoanálisis. Ella fue una testigo y participante activa de la primera y segunda ola de feministas, influenciada por el pensamiento crítico de Judith Buttler. Posteriormente, estudia la influencia del mundo académico blanco de clase alta en USA, trabajos sobre raza, modelos económicos y así otras situaciones de poder valórico social que se impone como norma correcta a vivir dejando de lado otras posibles identidades, que dejan fuera nuestras vulnerabilidades y necesidades de pertenencias a otros mundos. Layton se ha dedicado a hacer un vínculo entre el psicoanálisis y los determinantes políticos y sociales. Tema que ha sido esencial para volver a incluir el psicoanálisis en el mundo actual. Para este fin voy a usar el concepto que ella llama “inconsciente normativo” (2016). Para Leyton este concepto es la manera que nosotros internalizamos tanto las relaciones con nuestros cuidadores primarios en términos de apego y el significado que este adquiere en nuestro contexto social e historia transgeneracional. Es durante nuestro desarrollo y durante toda la vida que vamos fundando nuestra identidad, dependiendo así de los eventos sociales e históricos que nos toca vivir en nuestro contexto, integrándose de manera dinámica con los afectos que acompañan estas vivencias. Es central en su teoría, que el no poder cumplir con las demandas normativas que nuestro entorno familiar o social encuentra correcto, deseable, y por el cual hemos recibido aprobación, genera estados de culpa, vergüenza, que evitamos a través de mecanismos de defensa, especialmente escisión de aspectos de nuestra realidad que solo refuerzan la culpa y el miedo. En este proceso quedan los eventos políticos, sociales, maneras de pensar, ideas de clases, amenazas etc. con una significación emocional de miedo, respeto, lealtad y también profundas disociaciones que pueden dejar un área de nuestra personalidad coartada para su desarrollo, relacionada con vivencias traumáticas, que se activan en relación a nuevos eventos sociales que se asocian con algún hecho traumático significativo.


Un ejemplo de la historia reciente de nuestro país, es cómo vivió y qué consecuencias tuvo para cada uno en el entorno histórico entre los años 70 al 80, por poner un período que aún marca profundamente nuestra convivencia actual. Es muy distinto estar frente de un hijo de un exiliado que fue torturado, que perdió su lugar social en Chile y que él y su familia fueron sacados de su país perdiendo todos los referentes, que estar frente de un hijo de latifundista que le fueron expropiados sus campos y pasaron por la toma de estos mismos. Con esto estoy queriendo decir como hechos de un mismo período histórico adquieren un significado en cómo se internaliza y crea la subjetividad de cada persona. Pertenecer a una clase, a una raza, a una ideología, las consecuencias que estas tienen tanto en desarrollo psico-emocional temprano como en la construcción de una identidad, entendida como una integración de múltiples contextos, y en el significado emocional de esto en relación al contexto que se está viviendo, y además como esta se trasmite a las próximas generaciones.


En los ejemplos anteriores, me estoy refiriendo a segundas generaciones que no vivieron directamente la agresión a sus modos de pensar o vivir, sino a los hijos que les tocó vivirlo como una consecuencia, y así recibir la transmisión con la carga emocional de estas situaciones traumáticas durante su infancia y adolescencia. Una etapa de la vida en que lo bueno, lo amenazante, lo correcto, está fuertemente ligado a aspectos emocionales vinculados a nuestros vínculos primarios. Por lo cual hay mucho de “irracional” o “emocional” en la percepción de los eventos que están ligados a nuestra historia. ¿Quién ejerce el poder y qué podría hacer con este? Temores a la repetición de escenas de 50 años atrás tal cual fueron, sin matizar con todos los cambios sociales y políticos que han ocurrido desde ese período. Esta ceguera emocional es tanto para los analistas como para nuestros pacientes, y hay que entender que nuestro “inconsciente normativo” siempre está presente, pero se activa intensamente cuando el contexto social está en un cambio de paradigma, es cuando se tensionan nuestras certezas y los temores asociados, esto afecta los procesos terapéuticos, tanto en la conformación de enaccment e impasse, así como en la resolución de estos. Es imposible salirse de la normatividad, hasta el pensamiento más no binario, intercultural y democrático, es también normativo como cualquier otro, la adjudicación de valor universal y correcto a nuestras creencias, es la puerta para que nos lleve a la exclusión y a la pérdida del dialogo y, por ende, a la pérdida de la esperanza de re encuentros.


Tengo que dejar en claro que el punto de vista que estoy entregando es desde la perspectiva psicoanalítica, hay grandes aportes a la construcción de la subjetividad de otros campos de la ciencias sociales.


Dra. Marta del Río Albornoz



Bibliografía: Layton Lynne, editado por Marianna Leavy-Sperounis (2020) “Toward a Social Psychoanalysis. Culture, Character, and normative Unconscious Processes” by Routledge New York.



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