Necesito silencio, estar sola y salir: Pandemia y Género


Para referirnos al vínculo entre pandemia y género, quisiera empezar dando una idea de lo que se comprende por género. Lo voy a definir como la normativa social e internalizada, que existe en cada uno de nosotros y que determina las acciones, actitudes y deberes que convenimos tener, de acuerdo a nuestra condición de género. Hace ya un tiempo que dicha normativa está en tensión a raíz del cuestionamiento de las teóricas feministas. Este cuestionamiento se ha centrado en que sus definiciones, surgen dentro del pensamiento patriarcal, cuyo poder faculta una normatividad que limita lo que es correcto o incorrecto para los roles de género. Ello acarrea sanciones y limitaciones para el desarrollo de las mujeres. Esto es, en esencia, una deslegitimación de la auto definición de la mujer como sujeto independiente y a cargo de sus opciones.


Si bien en los últimos 60 años este pensamiento ha avanzado mucho -desde la época donde la mujer estaba recluida a las funciones de esposa y madre, en tanto las definiciones de género han sido progresivamente menos opresivas- aún tenemos una serie de pensamientos y, sobre todo conductas inconscientes que tienden a sostener estas conceptualizaciones. No estamos hablado de intenciones conscientes ni de problemas teóricos, me estoy refiriendo al actuar automáticamente, o sea, a lo que surge en la conducta como algo obvio o natural, como pasa con el modo de andar o el tono de voz que los hijos tienen igual a sus padres: algo adquirido de manera totalmente imperceptible.


La pandemia ha tenido una característica muy central que es el de tener un efecto lupa, por así llamarlo, sobre nuestros problemas sociales y económicos, lo cual nos ha llevado a cuestionarnos si nuestra forma de organización social es tan exitosa o justa para todas las personas en nuestra sociedad. Del mismo modo, la pandemia amplificó los conflictos en relación a las distinciones de los roles de género.


Quizá el ejemplo más dramático es, el inmediato aumento de la violencia Intrafamiliar, donde nuevamente aparece la violencia física y psicológica como forma de dominación y control sobre las mujeres. Siendo este, el efecto mas evidente, hay una multitud de otras cosas que quedan en evidencia, como quién organiza el abastecimiento de la casa o quién se hace cargo de la educación de los niños, por decir las mas básicas. Cuando se pierde la red social de apoyo a la crianza (salas cunas, colegios, apoyo de la familia extendida), para una mujer en teletrabajo u otras formas de trabajo la mayoría de esas funciones se vuelcan automáticamente hacia ella. Esto se convierte en una exigencia muy alta, generando sensaciones de agobio, agotamiento y depresión. Además de la pérdida total del espacio privado, trabajar fuera de la casa es también tener algún espacio sola, de distancia de la demanda de lo doméstico que tiene la mujer, tal como lo adelantaba Virginia Woolf en Las olas: “Necesito silencio, estar sola y salir, y buscar una hora para considerar lo que le ha sucedido a mi mundo, lo que la muerte ha hecho en mi mundo” (1931).


Si bien la pandemia ha permitido que muchos hombres tomen tareas tradicionalmente asociadas a lo femenino, no es sin una larga, y a veces nada de fácil, negociación con el otro. Por desgracia lo patriarcal es el modo de “andar”. Nos quedan muchas generaciones por ser educadas, de manera que tengan modelos alternativos de ese orden normativo, y esto es mucho mas allá que de quién lava los platos. Es un tema de profunda democratización de las relaciones de género, donde las necesidades no tengan un orden según el genero al que se pertenece, tanto en las decisiones cotidianas, como con respecto a decisiones fundamentales en la vida. Hemos avanzado en reconocer el trabajo antes devaluado de la mujer en la casa, sin embargo, de lo que aún estamos muy lejos, es de la equidad de poder e influencia social que tenemos las mujeres en los ámbitos políticos y de liderazgo. Estamos muy lejos de ocupar cargos de real influencia, para un cambio que incluya la manera de pensar y actuar desde un liderazgo diferente al patriarcal.


En esta pandemia, sin embargo, es notable que los liderazgos mas exitosos, han sido de mujeres, la primera ministra de Alemania, Ángela Merkel, y la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinta Ardern. Este es un hecho que nos tiene que hacer reflexionar sobre el modo de manejar y controlar una crisis desde la exclusiva perspectiva de supremacía patriarcal.



















Dra. Marta del Rio

Asociación Psicoanalítica de Santiago es una corporación sin fines de lucro, cuyo objetivo es el estudio y desarrollo del Psicoanálisis y la Psicoterapia Psicoanalítica. 

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