Velar y develar subjetividades: Algunos comentarios desde lo psicosomático

Entendiendo lo psicosomático desde una mirada amplia e integradora, tal como lo planteó D.W.Winnicott en su artículo sobre el psiquesoma, la mente es concebida como un desarrollo especializado del psiquesoma. En la actualidad desde las neurociencias que estudian el fenómeno de la conciencia se retoma la idea de Freud que el yo originalmente está basado en un yo corporal. Francisco Varela planteaba el concepto de la “mente encarnada y envuelta en el mundo” como la expresión de esta integración psicosomática. Cada momento emergente de la conciencia, incluso el más racional está enraizado y entretejido a lo corporal, a la realidad externa y la interna. Las emociones coordinan mente y cuerpo y su regulación determina nuestra homeostasis bioafectiva. Para Damasio, el cerebro y el resto del cuerpo se hallan inmersos en “una danza interactiva continua” con una correspondencia estrecha entre estados mentales y estados corporales particulares.

Damasio señala que la subjetividad sería el primer e indispensable componente de la conciencia junto a la integración de las experiencias, sólo de este modo nos podemos reconocer como sujetos de nuestras propias experiencias mentales o psicosomáticas. Cuando se producen desregulaciones corporales y se evidencian síntomas o señales psicosomáticas entendidas en un sentido amplio, es posible usar nuestras herramientas psicoanalíticas para integrar al cuerpo en la escucha y diálogo con nuestros pacientes y tratar de entender las sutilezas del lenguaje no verbal en sus múltiples expresiones en el campo intersubjetivo.

D.W.W. planteó que el síntoma psicosomático se originaba en una disociación del psiquesoma, pero simultáneamente éste tenía un aspecto positivo porque también era un esfuerzo de iniciar algún tipo de integración.


Normalmente habría un flujo más o menos continuo de luces y sombras, velamientos y develamientos de diversos aspectos de nuestra conciencia subjetiva respecto a nosotros mismos y a nuestras relaciones intersubjetivas. Como Freud señaló el pensamiento inconsciente sería como un mar de fondo en continuo movimiento, aun mientras estamos durmiendo. En este mar de fondo coexisten lo inconsciente reprimido asociado al conflicto y sus defensas y lo inconsciente no reprimido y su flujo continuo de múltiples líneas de pensamiento asociativo más allá de lo verbal, sensaciones e imágenes evocadoras de variados registros sensoriales.

Es en la atención a estos registros en la escucha terapéutica donde podemos ubicar por ejemplo, lo que se ha llamado las líneas narrativas del cuerpo, las memorias corporales, el cuerpo que habla. Esto nos abre la posibilidad de hacer el trabajo de articulación e integración de nuevas representaciones que sirvan de continente y den sentido comprensivo a los síntomas somáticos o manifestaciones del cuerpo, de la clínica de lo no representado a lo que logra ser representado.


El cuerpo habla continuamente a través de un lenguaje sutil desde discretos matices en el tono de la voz que interpreta un contenido, matices en la expresión de los movimientos corporales o posturales asociados a afectos especiales, hasta distorsiones más severas y permanentes como pueden ser los trastornos disociativos o los síntomas somáticos aparentemente más vacíos de significado.

En los síntomas conversivos histéricos, por ejemplo en una parálisis tiende a haber una alteración funcional, sin daño orgánico que muchas veces descorre el velo de un conflicto reprimido para la conciencia. Aquí la parte del cuerpo afectada en su funcionamiento pasa a representar o escenificar un conflicto inconsciente con un mayor grado de simbolismo.


En la hipocondría, las fantasías persecutorias trasladadas al cuerpo llegan a ser a veces de tal intensidad que se distorsionan las sensaciones corporales y el sentido de realidad. En las enfermedades psicosomáticas suele haber más vacío representacional, la desconexión emocional suele ser más profunda y exige al terapeuta el arduo trabajo de ir a la búsqueda de las señales e imágenes que ayuden a representar y simbolizar lo que está fuertemente desconectado.


En la experiencia traumática se puede producir una desconexión en los sistemas representacionales que previamente estaban conectados, no queda un registro narrativo coherente, sino que quedan intensas huellas sensoriales y emocionales fragmentadas que quedan alojadas en alguna suerte de memoria corporal, de este modo se ha planteado que “el cuerpo lleva la cuenta”( Van der Kolk).

Es tal vez en los últimos años que se ha puesto mayor atención en la clínica de lo no representado. Los aportes de Joyce Mac Dougall con su descripción de “la histeria arcaica” en su libro Teatros del Cuerpo , así como los aportes de Didier Anzieu con su teoría del Yo Piel y los significantes formales y los aportes de C.


Bollas sobre “Lo sabido no pensado” han abierto nuevas posibilidades terapéuticas que implican hacer el intento de descorrer los velos que han hecho menos visibles la comprensión y articulación de los fenómenos corporales, de las narrativas del cuerpo para ser incluídas en la escucha psicoanalítica.







Dra. Edy Herrera L.

Psiquiatra y Psicoanalista APSAN

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