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50 años: Cuando la Historia Política se vuelve tan jodidamente personal


“Ese día amaneció nublado”. Esas fueron las palabras que mi analista, Omar Arrué, dijo en la sesión que tuvimos el primer once de septiembre que viví tras la muerte de mi padre. Todo resuena a golpe. Mi documento de identificación me confirma que tengo la edad del golpe. De repente entra un aroma o un sonido o una imagen que producen una súbita congestión en los ojos. Será una alergia al golpe, me digo. Lleno hasta el hartazgo de golpe. Vacío de golpe.

Aparecen más allá de mi voluntad los rostros jóvenes de mis padres en su huida para proteger a los 2 hijos in útero. Los amigos muertos, los amigos desaparecidos, los amigos en el exilio, los amigos que no volvieron. Como Manuel, el de la canción. Como me decía una paciente tras el retorno de su padre del cautiverio, “una parte de él nunca volvió”.

Es la experiencia de la no experiencia, el lugar del testigo que es también náufrago ante los escombros de un horroroso naufragio.


“El resto irreconocible”, lo que no tiene nombre, eso que los que usamos la jineta de psicoanalista llamamos “lo Real”, intento de palabra para tratar de asir eso que toma por residencia todas las brechas y grietas de lo que creemos ser. Aquello a pesar de lo cual seguimos vivos.


El pasado jueves 24 de agosto un importante número de “Los Psicoanálisis” de Santiago dieron un paso fuera de las propias ideologías construidas en torno al significante Psicoanálisis, para convocarse a conmemorar juntos el hito de los 50 años del golpe de estado en Chile. El escenario fue el Museo de la Memoria. Un poco antes ILAS había abierto un espacio de conmemoración para los terapeutas. Ya se había sentido la onda telúrica. Memoria, historia, reconocimiento y el deseo de no repetición corrieron transversalmente, como hebras que forman parte de un tejido, produciendo 8 escritos profundos. Pero también la palabra trauma, horror, olvido. El resto es irreconocible.


En algún momento del acto de conmemoración fue necesario salir. Sentado en el café observo el edificio que contiene la exposición principal. Luego me dedico a mirar a los que circulan por la explanada. Quienes ocupan el lugar son principalmente niños, estudiantes de distintos lugares de Santiago, distintas realidades socioeconómicas, distintos colores de piel. “¿El Chile imposible?”, pienso. También pienso en mi padre, mi madre, en Omar. En Víctor, en Salvador, en Pablo y en los náufragos, en todos los Manueles y las Amandas. Trato de pensar en aquellos seres humanos convertidos en bestias; trato.


Me doy cuenta que hoy se repetirá para mí una misma situación. Cómo ha ocurrido desde su inauguración, no he logrado entrar a recorrer lo que allí se expone, los testimonios. Es un movimiento que no tiene palabras, no tiene imágenes. Solo acontece. Es tan jodidamente personal. Pero no todo es pesar. Volví a sentir una apertura familiar, aliviadora, como una exhalación, como un suspiro. La misma que sentí con esa sencilla frase pronunciada en aquella sesión triste. “Ese día amaneció nublado”.


Me detengo en esta idea que me ha rondado ya hace un tiempo de un psicoanálisis quiltro, múltiple, mestizo, de intersticios y de calles, de brechas y grietas, hecho por muchos sin raza, sin pedigrí, incluso a ratos sin nombre. Divago en estas banalidades profundas.


Omar me prestó sus ojos ese día, sus ojos de testigo y náufrago, para darle un lugar a mi resto irreconocible, de ese que fui parte cuando aún no tenía ojos para ver. Para abrir alguna rendija y ver más allá, lo que sea que eso signifique, pero más allá. Esa ahora “resto-apertura” que fue conmigo a reunirse para conmemorar junto a los Psicoanálisis. Esa que, cada vez que me reúno con una persona en la intimidad de la oficina, se transforma en uno de los instrumentos que ejecuta la banda sonora de nuestra banal y profunda pregunta: ¿qué puedo hacer por usted? Más temprano que tarde, nos llegará a cada persona-analista la oportunidad de ser apertura para ese resto irreconocible de un otro.







Dr. Victor Doñas

Psicoanalista APSAN


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1 Comment


Ps. Eva Murga
Ps. Eva Murga
Sep 14, 2023

Gracias por este relato, "para darle un lugar a mi resto irreconocible, de ese que fui parte cuando aún no tenía ojos para ver".

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