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“El fin de la soledad”

Benedict Wells, 2016

Ganadora del Premio de Literatura de la Unión Europea del 2016, “El Fin de la Soledad”, es una gran novela. Relativamente fácil de leer. Puede ser leída en distintos niveles de profundidad, y en cualquiera de ellos sigue siendo entretenida, su drama no pierde en atractivo. El hecho de estar escrita en primera persona, por la voz del protagonista, así como su lenguaje evocativo y claro, contribuyen a su lectura. De esta manera, el autor maneja una compleja trama sin caer en la grandilocuencia o el alarde sentimental.


En un nivel más “superficial” puede ser leída como una novela de amor. En todo caso un amor que no es amor. En un siguiente nivel, este amor se amplía a un amor por la escritura, la fotografía y el arte en general. En definitiva, un amor por la vida. Una comprensión más amplia, podría decir que es una novela de aprendizaje. Esta comprensión, se ve facilitada al recorrer en algo más de 200 páginas 30 años de la vida del protagonista, el joven Julian.


En un nivel más profundo, de la mano con nuestra comprensión psicoanalítica, se observan con claridad las vicisitudes del duelo patológico del que fue víctima el protagonista, acompañado de su tendencia a la ensoñación y al ensimismamiento, los que como funciones defensivas, le inhibían su desarrollo vital, a la vez que le impedían la elaboración del duelo.

Después que sus padres pierden la vida en un accidente automovilístico, Jules y sus dos hermanos mayores, son enviados a un internado. En esta institución, a Jules se le hace muy difícil el convivir y crecer en compañía de sus hermanos. Creyéndose predestinado a una vida diferente, sintiéndose al margen de todo y sin esperanzas de que algo distinto le pueda suceder, el protagonista se encierra en sí mismo, entregado a sus ensoñaciones. Este es el único recurso que Jules siente que tiene para enfrentar su pena y su soledad, así como su constante recuerdo del accidente de sus padres, junto con su idealizada vida previo a esta tragedia. La lejanía de sus hermanos tampoco lo ayuda. Estos, con personalidades muy distintas cada uno, buscan también su manera de lidiar con este destino. El sentimiento de soledad de Jules, aumenta todavía más en la medida que va creciendo y tiene que ir asumiendo responsabilidades. Para él todo es cada vez más difícil y el mundo se torna más inseguro e impredecible. Para todo esto no lo ayuda su ensoñar y ensimismamiento.


La irrupción de Alba, compañera de clase en el internado, alma gemela con sus angustias y víctima también de una dolorosa pérdida, hacen a Jules enfrentar, con todas las complicaciones que implica para él, una intensa atracción y una necesidad de apego hacia alguien. Esto lo lleva a crear un vínculo, que termina siendo como un puente con la realidad. Estas dificultades así como la fuerza del destino, hacen que Jules y Alba se distancien. Sin embargo, este vínculo de alguna manera persiste a lo largo del tiempo. Así no será hasta años después, que Jules tomará plena conciencia de lo que Alba significa para él. Quizás el tiempo y la vida le darán una nueva oportunidad.


Es interesante mencionar cómo el autor grafica el rol que tienen las ensoñaciones en el duelo patológico. En este caso, se originan en su vivencia del duelo, como un agregado del recuerdo de la muerte de sus padres, como evento traumático. De esta manera el ensoñar para Jules es inevitable, le permite aminorar el dolor. Pero este ensoñar, al no tener un fin creativo, no le permite evolucionar, ser productivo y menos superar el duelo. Lo lleva a un estado de estancamiento, en el que intenta algo parecido a estar “anestesiado”. Es importante observar cómo más avanzado en su vida, Jules logra crecer como persona. Dicha evolución o madurez está mediatizada, por la capacidad de transformar estas ensoñaciones en procesos creativos, ligados a la creación literaria en el caso de Jules. Inevitablemente, estos fenómenos nos llevan a acordarnos de Winnicott y sus ideas acerca de los fenómenos creativos, descritos por ejemplo en “Realidad y juego”.


Por último, es importante destacar que esta novela está escrita por un autor alemán de 39 años. Esta sería su tercera novela. Es de buen augurio ver que autores jóvenes están escribiendo novelas como esta.

Ps. Alan Reisberg Aguayo.

Analista Adherente APSAN


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