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SEXUALIDAD EN LAS PERSONAS MAYORES

Actualizado: 3 jul 2023

La sexualidad es activa en buena parte de este creciente segmento poblacional y cuando las condiciones de salud mental y físicas son sanas o están bien diagnosticadas y tratadas, muchos factores que a esta altura de la vida interfieren en la sexualidad, se despejan y permiten la mantención de relaciones sexuales genitales, con penetración vaginal, en un tercio de este grupo etario (mayores de 65 años).

Las personas grandes conservan vínculos amorosos que enriquecen el encuentro íntimo.

Cuando las relaciones de pareja se han deteriorado, por pérdida de la admiración, agresiones excesivas y reiteradas, conflictos de competencia, problemas con los hijos de parejas anteriores, etc., se hace muy difícil que quieran y reciban ayuda psicológica y médica.

La sexualidad se manifiesta de diferente forma en las mujeres y en los hombres. Ellas tienen un tercio a un décimo de la testosterona que tienen los hombres. Esta hormona es la responsable en gran medida del impulso sexual, aunque en la mujer más bien aumenta las fantasías sexuales.

La menopausia puede interferir en muchas mujeres la lubricación vaginal y su activa receptividad, pero esto mejora con la terapia de reemplazo hormonal. El médico gineco-obstetra debe ver y evaluar la necesidad de esta indicación médica.

La andropausia afecta menos el impulso sexual del hombre, pero disminuye la cantidad del semen y la permanencia de la erección. Sin embargo, se debe tener en cuenta que la erección es necesaria durante el coito y que en estado de reposo el pene normalmente está flácido.

Hay varios problemas en el ejercicio clínico para saber de la anatomía, fisiología, psicología, sociología, antropología, creencias religiosas, los prejuicios e innumerables otras áreas a explorar en esta evaluación de la pareja y de su intimidad sexual. A raíz de los pobrísimos abordajes en esta área y a las precipitadas indicaciones medicamentosas, que muchas veces hacemos los médicos, además de diagnósticos bastante imprecisos , es que, por ejemplo, muchas personas en situaciones de tristeza son atendidas en no más de un cuarto o a lo más media hora, se les hace un daño enorme al diagnosticar una depresión grave. No se toma una historia clínica detallada ni mucho menos se pregunta por la intimidad sexual de la pareja. Esto es más marcado frente a los pacientes de mayor edad, ante los cuales se presupone erróneamente una inexistencia de interés y actividad sexual. Ellos tampoco mencionan sus disfunciones sexuales y el clínico debe preguntar activamente, iniciar la conversación, escuchar con atención y no negar la sexualidad, que nos acompaña toda la vida, hasta en la invalidez, excepto en los períodos cuando se padece una enfermedad grave.

La prescripción a granel de un antidepresivo, o de varios a la vez, deja muchas veces a las personas sin deseo, erección, eyaculación, lubricación ni orgasmo. Además, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina ponen al sujeto muy seguro, insensible, sin llanto, muy contestatario, confrontacional y hasta litigante. Esto repercute en el trato de la pareja y altera la expresión afectiva.

Los antidepresivos deben ser usados, en general, tras una elección cuidadosa, en dosis acordes al diagnóstico y por un tiempo limitado, que en la mayor parte de los casos no debería exceder a los seis meses. En la gente mayor, las dosis deben ser menores.

Otros medicamentos, tales como los tranquilizantes menores pueden producir dependencia física y los tranquilizantes mayores antipsicóticos un apagamiento general y pérdida de la energía libidinal.

He referido los efectos, muy frecuentes en el ejercicio clínico, de malas medicaciones y de prácticas insuficientes en cuanto a la sexualidad, que llevan a tener que quitar fármacos o a suspenderlos gradualmente, porque ya no son necesarios. Todo lo anterior no debe hacer perder de vista que un buen abordaje clínico, sin la idea de “ancianos asexuados”, puede ser inmensamente gratificante para las parejas en general y para los mayores también. La “gente grande”, en la bonita expresión trasandina, se abocan más al placer y desarrollo de la intimidad en la actividad pre y postcoital.

Tampoco debemos olvidar que a razón de dos orgasmos semanales se totaliza 10 a 12 minutos al año de este reflejo. El año tiene cerca de 525.600 minutos. De más está decir que la búsqueda de otras actividades sensuales, son muy importantes y fuente de grandes satisfacciones.

Todo cuanto disminuya la capacidad sexual y el deseo, por el envejecimiento y las enfermedades agudas y crónicas, le resta vitalidad y calidad de vida a los viejos, pudiendo llevarlos a la depresión. Hay que ver cuanto se debe tratar la “depresión” y cuanto la merma en la sexualidad, ambas patologías en la justa medida.








Roberto Ruiz Matus

Psiquiatra, Psicoanalista APch y sexólogo.

Santiago, 4 de junio del 2023.

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